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Haciendo Patria ;)

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Todo sucedió muy rápido. Era jueves a la noche y “Fuchi” en el living de casa me decía: “Jota, hacele caso a Lau, ella tiene razón…”; mientras yo seguía buscando argumentos para sostener que me parecía improductivo asociarnos al Vilas Club cuando estoy saliendo de una lesión… ellos (mi hija Laura y Fuchi) argumentaban que podría rehabilitarme, comenzar de a poco, motivarme a sanar, conocer gente y miles de otras buenas razones. Terminaron por convencerme. Al otro día iba a llenar fichas, y ese mismo fin de semana eramos nuevos socios del Vilas Club.

¿Quiénes? Bueno, voy a presentarme. Para todos soy “Jota” y el motivo del apodo es algo… romántico, digamos. Conocí a quien sería mi esposa siendo chicos: eramos vecinos y compañeros de colegio; estábamos siempre juntos y casualmente, ambos nombres comenzaban con la letra J. En sexto grado leímos el clásico de la literatura infantil “Jack y Jill” y la maestra dijo que los personajes eran como nosotros dos. Ella se puso colorada hasta las trenzas y yo me ‘concentré’ en atarme los zapatos para no mirar a nadie. Fuimos solamente amigos hasta que un día volviendo de la facultad la vi, en la puerta de su casa, saliendo con un muchacho. Me senté a esperarla y cuando volvió, como tres horas después del cine -y para sorpresa de su acompañante-, le pedí que fuera mi novia. Despidió a quien resultó ser su primo del sur y que hoy es padrino de los chicos; me dio un beso y me dijo: “¿por qué tardaste tanto?”. En algún momento después de leer Jack y Jill ella me empezó a decir Jota. Muchos amigos nos decían que debíamos llamar a nuestros hijos con la letra K para seguir el orden del alfabeto. Salteamos esa letra y los llamamos a ambos usando la L. Laura es mi mujercita de apenas 11 años. Ella dirá “casi 12″, en este deseo de crecer que tienen los chicos a su edad. Laura me ha autorizado a escribir de ella, si ella lo lee antes; así que sepan que si leen algo de ella, ella lo autorizó. Con Laura, juntos, cuidamos de Leo, apócope de Leonardo, el pequeño ‘leoncito’ de la familia que tiene 3 años, o… “casi 4″. Soy periodista y escritor, tengo 43 años y soy viudo. Antes pensaba que decir “soy viudo” iba a sonar “feo”, hoy pienso que solo suena algo “triste”…

Ese mismo fin de semana que nos asociamos, fuimos a conocer el Vilas. La sonrisa de oreja a oreja de Leo cuando pisamos la plaza de juegos fue un buen augurio… hacía tiempo que no lo veía sonreir así. Laura correteaba alrededor diciendo “Mirá…. y mirá y mirá allá” parlanchina como antes (veremos si “parlanchina” pasa la censura de mi pequeña editora). Al final Fuchi tenía razón: había que hacerle caso a Lau. Y con este “viste, Jota, teníamos razón Lau y yo… ahora nos tenés que dar una mano y encargarte del blog” así es como me “enganchó”. “Dale, podés escribir acá, conocer todo, contarlo, darte a conocer…” y como -en realidad- no es difícil convencerme de que me ponga a escribir y me dieron carta blanca; aquí me tienen escribiendo para el blog del Vilas.

El primer evento importante al que fuimos fue casualmente a los pocos días de nuestra primera visita, ya que se venía el fin de semana del 25 de mayo o como decía el afiche “1810 motivos para pasarla en el Vilas”.

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Y esa mañana del sábado 23 parecía que los chicos se despertaron dispuestos a hacer al menos 1810 cosas, todas juntas. Saltaron de la cama como nunca lo hacen un día escolar y vino Laura a despertarme ’sargentonamente’. Entré, todo despeinado y lagañoso, al cuarto de Leo y la risa le ganó a la sorpresa: estaba tratando de sacarse el pijama por su cuenta y parecía que el pijama le estaba ganando una pelea cuerpo a cuerpo. Luego de todos los preparativos, íbamos camino al Vilas. Laura, cámara en mano, ya que ella será muchas veces, la fotógrafa del blog -además de mi editora. Nos recibieron con un desayuno temático y disfrutamos de chocolate caliente y bizcochitos. Participamos de las actividades recreativas para chicos y, entre los juegos de unos y otros, casi nos olvidamos de la hora de almorzar. Pero fue comer algo y al rato Laura, con la excusa de más fotos, nos arrastraba a seguir con juegos y actividades. Fue increible tirarme en el pasto al grito de “estoy viejo, déjenme descansar un minuto” cosa que hace reir a los chicos; y aprovechar para verlos jugar a Lau y a Leo, ver cómo ella lo ayuda en todo y cómo la mira él. Agradecí en silencio ser su papá.

Más tarde, Laura quiso sacar fotos en una clase de gym box a cargo de Dolarea y Kerekes y allá fue, mientras Leo dormía la siesta de los justos a upa mío, para queja de mi brazo lesionado. Cuando empezaron los ritmos latinos y Laura empezó a imitar los pasos, la música despertó a un sonriente leoncito que una vez descansado se animó en la Salsa Party y yo, como recompensa me animé a un trago de la barra… me lo merecía. También se lo merecía Jorge Rodríguez, su clase era un éxito.

Como además hubo torneos de tenis dobles mixtos y los triunfadores posaban para fotos; mi pequeña “paparazzi” fue a hacer “su trabajo”.

¿Adivinen quiénes volvieron el lunes 25 a completar las 1810 cosas por hacer en el Vilas? El domingo teníamos un asado con amigos, pero el lunes no pude decir que no, y marchamos nuevamente al Vilas. Llegamos justo para el Locro del mediodía y para mi sorpresa, a los chicos les en-can-tó. Y con lo que se engancharon después, fue con una clase de Tenis de Mesa con Leo Epsztein. Hasta mi ‘torpe leoncito’ pudo devolver unas pelotas fáciles y Laura volvió pidiendo una mesa de pin-pong que según ella “entraría perfecto en el living de casa”. Si no fuera porque al día siguiente había colegio, no sé si no hubiéramos terminado acampando en el Vilas. Volviendo en el auto, Laura insistió en que debíamos cenar otra comida criolla y negociamos hacer empanadas entre los tres. Nos ‘amuchamos’ en el sillón al final del día y antes de terminarme la copa de vino, Leo estaba planchado al lado nuestro y Laura tenía los ojos a media asta. Mientras los acostaba, pensaba dos cosas: “Laura tenía razón” y “qué bueno que estuvo el Vilas”.

 J.

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Les cuento que la única que “nos falló” en el evento, fue la cámara de fotos. Laura estuvo decepcionada hasta hace unos instantes, en que le prometí que para la próxima nota podríamos estrenar una nueva. En este mismo momento está investigando marcas y megapixeles y miles de especificaciones técnicas sin oir que la mando a la cama… Mientras tanto, como en el Vilas les sacaron fotos a los campeones del Torneo de Tenis, comparto sus fotos para que los vean. Felicitaciones para ellos.

En la próxima nota, estrenamos fotógrafa y cámara, se los prometo.

J.

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