Mariano Hood - Eternamente Niño
Por Lucas Argüelles
Gentileza Revista GRIP

¿Cómo fue despedirse en un torneo como el de Buenos Aires?
¡Me cag… tanto a palos que no voy a tener ganas de volver a jugar! (risas) Me sentí tan lejos de Almagro en ese momento que me dije “Flaco, despedite tranquilo. (risas)
No, hablando en serio, el resultado para mí en este último torneo era algo absolutamente anecdótico. Obviamente que salí a ganar, como siempre. Muchas veces me fue bien en ese torneo, donde estás con tu familia, y, de hecho, Sebastián (Prieto, su compañero) sigue jugando y los puntos le servían. Pero yo tenía decidido llegar a la final y retirarme. El haber perdido de manera tan contundente no me cambió mucho. A mí me importaba estar cerca de mi familia, de mis amigos, con el compañero con el que empecé la carrera de dobles…Sí, la verdad que hubiera sido lindo ganar algún partido, pero era secundario.
¿Y cómo viviste ese momento: desde que entras a la cancha, quizás por última vez; hasta la última pelota?
Se me pasaron dos millones de cosas por la cabeza. Momentos lindos, toda la carrera, todos lo años, también el trago amargo de la suspensión por el doping… La verdad es que por momentos, durante el partido, me costaba concentrarme y pensar en el punto. Se me mezclaban las sensaciones, era fuerte. ¡Pero al mismo tiempo creo que fue la única paliza que disfruté! (sonríe) Había cosas más importante que el resultado en sí. Al otro día, varios amigos me llamaron y me decían “¿no querés jugar un torneo más?” Y ni lo pensé, para mí ya estaba. El score no era lo importante…
¿Nunca consideraste retirarte en otro torneo que no sea el de Buenos Aires?
No, hay otros jugadores que siempre les ha costado jugar acá. El tener demostrar frente a su familia, a su gente, lo toman al revés y se les transforma en una presión, en una carga. Para mí fue lo contrario: me gusta, me motiva, y esa semana significó mucho para mí. Elegí Buenos Aires para volver a la actividad después de la suspensión, y también para retirarme. No era lo mismo hacerlo en un torneo en Eslovaquia, donde no lo podía compartir con nadie.
¿Qué te dijo tu compañero apenas terminó el partido?
Me dijo que había sido un placer jugar conmigo, le respondí que para mi también, y eso fue todo. Él es de pocas palabras, un tipo que va al grano y bueno, nos dimos un abrazo grande y ahí terminó. Los dos nos ayudamos mucho en nuestras carreras y va a ser una amistad para toda la vida. El partido fue tan rápido y hubo tanta diferencia que casi ni hablamos de eso. Fue un agradecimiento mutuo.
¿Y como fue la reacción del resto de los jugadores?
La verdad que sentí una buena onda infernal de parte de todos. Muchos me dijeron que iba a ir a ver al partido. Muy lindo. Incluso de tenistas extranjeros, jóvenes, que me preguntaban, me deseaban suerte. Era como que todo el mundo sabía que era mi último torneo. La verdad es que me sentí muy bien esa semana.
¿Y ahora…?
Ahora estoy feliz. ¡Feliz que no me tengo que tomar más un avión! Estoy muy contento con la decisión que tomé. Para mí era una deuda pendiente muy grande en mi vida el volver a jugar después de la suspensión, por más que nunca pude recuperar el nivel que tenía antes. Pero fue muy fuerte: un día estaba 20 del mundo, y al otro no tenía ranking. Sobre todo para mí, que amo este deporte. Cuando terminó el período de suspensión, iba a los torneos y sentía que me faltaba algo, me angustiaba…algo no me cerraba. Elaboré un poco todo y me di cuenta que me faltaba eso, el volver a la cancha y retirarme por decisión propia.
Cerré un capítulo muy importante de mi vida. Fueron 17 años viajando, sin parar, dedicándome a full al tenis. Y ahora estoy feliz de estar con mi familia, tengo proyectos para entrenar a chicos, poner una academia propia, reforzar el tenis en Cipolletti, la ciudad donde crecí, muchas cosas. Espero poder transmitir a la gente toda la experiencia que acumulé en tantos años de circuito. El tenis es mi vida y quiero seguir ligado a él.
Estás realizando unos trabajos en colaboración con
¿Cómo viviste el trago amargo de la suspensión por el doping, sobre todo al ser un caso tan atípico?
¡Mirá como tengo las chapas ahora! (risas) El finasteride, que es una droga que yo tomaba desde el año ’96 para la caída del pelo, estaba permitida, hasta que en 2005 la prohibieron porque podía cumplir la función de tapar otras sustancias prohibidas. En su momento demostré toda la información médica de por qué lo usaba, y me dieron una autorización para seguir tomándola. Me creyeron que era para la caída del pelo, todo, pero, según su criterio, no podían ampararse en ningún punto del reglamento para darme menos de un año de suspensión. Ellos me decían que en realidad me estaban ayudando y para mí fue terrible. Sobre todo porque era claro que no lo hacía para obtener una mejora en el rendimiento.
¿Qué te generó la explicación que te dieron?
Nada. (piensa) La verdad es que nunca me alcanzó, ni un poquito, su palabra de que hicieron todo lo posible dentro del reglamento para no suspenderme. Yo acepto que tuve una mínima negligencia: por un montón de razones, no me di cuenta del cambio y no pedí autorización a tiempo. Quizás me merecía un mes de suspensión, pero según ellos el reglamento no permitía eso. Entonces me dieron el mínimo, de 12 meses, que para un tenista es mortal. Lo mismo con la plata: solo me sacaron lo que gané en Roland Garros. Nunca me alcanzó esa explicación, pero se mueven mucho por las reglas y poco por el jugador.
Ahora el reglamento cambió. Hace poco estuve con quien alguien de
Como agravante, tu caso se dio en un año en el que también se detectaron varios casos de otros argentinos, como el de Mariano Puerta, Guillermo Cañas, un poco antes los de Coria y Chela. De repente, todos eran argentinos, y fue un tema polémico en su momento. Si bien cada caso tiene sus aristas, ¿cómo fue para vos quedar envuelto en medio de todo eso?
Cuando pasó lo que pasó, yo sabía que a mi familia y la gente que me conoce no tenía ni que explicarle lo que había pasado. Es verdad también que en el ambiente del tenis me conoce mucha gente, y me puse mal porque la palabra doping suena horrible. ¡Yo era pelado y lo único que quería era que me creciera el pelo! Fue difícil. Te empiezan a llamar de los medios y en cierta forma tenés que salir a dar explicaciones. Y encima coincidió con muchos otros casos de argentinos. Fue duro, pero al mismo tiempo me hizo ver la gente que de verdad me quería. Cuando me enteré estaba jugando un torneo en Metz, Francia, y lo leí en un diario por Internet. Los demás jugadores no lo podían creer, me buscaban los medios de todas partes. Tenía que jugar otro torneo en Viena, con David (Nalbandian), y me tuve que bajar. Me sentí muy mal, quería que me tragara la tierra. Me subí a un avión y volví para Argentina.
Siempre queda flotando en el aire la duda sobre si, en estas situaciones, se hace diferencia sobre los tenistas sudamericanos. ¿Cuál es la visión de alguien como vos, que la vivió de adentro?
Mirá, por mi experiencia con
Igualmente, es difícil que les pase a ellos, porque tienen un tremendo poderío detrás y son híper profesionales. Para alguien como yo, que no cuenta con semejante grupo alrededor, se le puede pasar. No debería, porque somos todos profesionales.
Saliendo un poco de lo negativo de tu experiencia, esto te permitió empezar a viajar como entrenador de algunos jugadores. ¿Cómo viviste esa etapa?
Fue muy lindo. Estuve un año y medio con (Mariano) Zabaleta y (Juan Pablo) Guzmán. Mariano, que además es amigo, ya tenía una carrera impresionante, pero venía de un mal momento. Y Juampi había estado cerca de los 100 primeros y volvía de una lesión importante de cadera. O sea, todos arrancamos de cero. Entrenamos muy duro, hicimos un esfuerzo muy grande y valoro mucho lo que viví con ellos. Mariano estaba 300 del mundo y terminó llegando al puesto 75, Juampi jugó varios torneos de Grand Slam. La verdad que me sirvió mucho estar del otro lado de la red. Como fanático del tenis, me gustó mucho toda la parte de analaizar táctica y técnicamente el tenis. Ahí fue también cuando me agarró la necesidad de volver a la cancha, de volver a jugar.
En el futuro me encantaría ser entrenador. Manejar mi academia desde acá, y viajar con jugadores profesionales.
En estos 17 años, ¿cuál fue tu mejor momento en el tenis?
Cuando jugué
¿Cómo llegaste a ser doblista?
Bueno, empecé como la mayoría: queriendo ser singlista. Arranqué jugando torneos satélites, con dificultades económicas, jugando Interclubes también. Como la mayoría. Probé hasta los 25, 26 años, llegué a estar 150 del mundo, y me di cuenta que faltaba para dar el paso.
De casualidad, estaba en un torneo en San Marino, con Sebastián, y nos anotamos de últimos en un cuadro de un torneo ATP, llegamos a la final y le ganamos a la que en su momento era la tercera mejor pareja del mundo. Ahí nos plantemos el dobles como una alternativa, algo que nunca habíamos pensado. Nos inscribimos en más torneos, nos fue bien y ahí empezamos a armar el calendario en base al dobles y no tanto al single. Nos fuimos afianzando, vimos que además podíamos más plata como doblistas y bueno, así se dio.
¿Qué tan distinto es el mundo del doblista del del singlista?
Mirá, en 2005, cuando a mí me dio el doping positivo, el dobles estaba en la cuerda floja.
Como especialista, ¿por qué Argentina no tiene una pareja de dobles consolidada?
Creo que es un tema histórico en Argentina. Desde la época de Vilas y Clerc. Y los capitanes de los últimos años se inclinaron por poner singlistas. En un momento estábamos Lucas (Arnold), (Gastón) Etlis, (Martín) Rodríguez, (Martín) García, Prieto y yo, todos entre los 30 del mundo. Algunas veces jugó uno, y muchas otras ninguno. Es respetable. Es más, creo si yo hubiese sido capitán, hubiese hecho lo mismo. Lo que sí me hubiese gustado es que los capitanes le pidan a algunos singlistas que jueguen juntos en el circuito. Como hizo Emilio Sánchez con Feliciano (López) y (Fernando) Verdasco en España. Creo que los buenos singlistas tiene muchas condiciones para jugar el dobles.
Eso te quería preguntar: ¿dos singlistas top ten pueden estar al nivel de una de las mejores parejas?
Si, ni hablar. Muchas veces lo que pasa es que cuando juegan, no le ponen la misma intensidad que al single, entonces ese genio que puede tener Nalbandian no explota, y en lugar de jugar diez puntos, juega siete. Sigue siendo un buen nivel, pero no es lo mismo. Pero es lógico: tampoco pueden jugarlo a la misma intensidad porque deben guardarse para el single, que es lo que más les interesa y conviene.
Ahora, yo pongo a jugar juntos a Federer y a Nadal…
(interrumpe) Son la pareja número uno del mundo, sin duda. Cualquier otros dos tenistas top pueden jugar en gran nivel y hacerles fuerza, pero ellos serían los mejores. Los Bryan, dependiendo el perfil de los rivales, pero no tendrían chances ante dos top ten.
¿Cuál fue el mejor doblista que enfrentaste en una cancha?
Todd Woodbridge, australiano, uno de los Woodies. Bah, en realidad los dos (NdeR: el otro es Mark Woodforde). Con Lucas jugamos contra ellos en la semifinal del torneo de Atlanta, hace diez años. Perdimos 7-5, 7-
¿El singlista que te sorprendió como doblista?
Bueno, en su momento, Henman. Hacía saque y red cuando jugaba single, imaginate lo fácil que le resultaba teniendo que cubrir la mitad de la cancha. Lo que pasa es que jugaba dos torneos al año. Jugué contra él en Montecarlo y ganamos.
¿Qué tenés que decir de tus parejas habituales de dobles?
Bueno, con Sebastián somos grandes amigos. Lo quiero mucho como persona. Tuvimos momentos buenos, otros no tanto. Imaginate que convivimos más que con nuestras respectivas mujeres, por lo que hay momentos en los que se desgasta un poco la relación. Pero siempre tratamos pelearla cuando no estábamos tan bien. Y nunca nos vamos a olvidar que cada uno fue doblista gracias al otro y nos cambió la vida.
Otra gran pareja con la que tuve dos años espectacular fue Lucas. Nos fue muy bien, ganamos muchos torneos y también es un amigo de la vida. Con altibajos: tuvimos peleas, nos separamos, volvimos a jugar juntos y nos fue bien.
Después con el Colo Gattiker, con Daniel Orsanic, con el Tero García, con (Mariano) Monachesi, con Lobito, con Martín Rodríguez… muchos y amigos. También me ayudó mucho Jorge Rodríguez.
Y tuviste un compañero muy especial, con el que jugaste un solo torneo: Rafael Nadal.
Esa es otra de las cosas más lindas que me dio el tenis: jugar con Rafa. Fue en Queen’s, en césped, y perdimos en primera ronda con (Nicolás) Lapentti y (Fernando) González 7-6, 7-5. Cuando en febrero decidí volver a jugar, agarré el ranking y me fijé a que tipo bueno le podía pedir que me de una mano para poder entrar directamente en un torneo, porque yo no tenía ranking. Y pensé en Rafa, que lo conozco y tengo la confianza para pedirle, de onda. Y me dijo que íbamos a jugar Queen’s, cuatro meses después. Vi que el tipo ganaba torneos a lo loco y pensé que ni se iba a acordar. Hablamos antes de Roland Garros, que lo ganó, y me dijo que estaba a full. Qué le venía bien para aclimatarse al césped. Un animal.
Le ganó a Federer fácil en la final de Paris, al día siguiente se tomó un tren a Londres y a las seis de la tarde ya estaba entrenando en el club. Al día siguiente calentamos juntos. Los calentamientos suelen durar 40 minutos: llevábamos una hora y media y ni habíamos practicado volea. (sonríe) Le dije: “Rafa, decí que juego con vos, si no juego nada.” ¡No daba más, estaba muerto! (risas) No lo podía creer. En los cambios de lado me decía: “Partner, estoy a full. Me cuesta un poco la devolución, pero hasta que le agarre la mano al pasto.” ¡Yo no podía creer que Nadal me esté dando explicaciones! Uno de los tipos más grandes de la historia del tenis. Además, le preguntaba si después de ganar un torneo como Roland Garros no necesitaba aflojarse un poco, que es lo normal, en lugar de entrenar tres horas por día. “No, no. Yo necesito entrenar a full los primeros días y después me siento como en polvo.” Y así fue: ganó el torneo. Es único, un fenómeno.
¿Por qué te dicen el Niño?
Bueno, alguna vez tuve pelo (risas) . Entrenaba en Neuquén, en una academia, con un grupo de chicos que eran todos mucho más grandes que yo, y yo era como la mascota. Era bajito, con el pelo tipo Carlitos Balá y era el Niño de la academia. Pasó el tiempo y quedó. Y ahora los chiquitos, aunque no tenga ni un pelo, me dicen Niño. (risas)
Debe ser incómodo para vos hablar de ello, pero todo el mundo dice que el Niño Hood es el tipo más bueno del circuito, y nadie tiene algo malo para decir. ¿Qué sentís cuando escuchás eso?
Es que no me conocen. (risas) No sé, me genera un orgullo y una alegría enorme. Yo fui como fui. No es que iba pensando en llevarme bien con uno o con el otro. Me gusta llevarme bien con la gente, me gusta abrirme, soy charlatán, siempre estoy de buen humor. Te lo tendrían que decir los otros. Pero estoy muy agradecido por que hablen así de mí, y como me trataron cuando me retiré.
El tenis te dio todo, hasta tu mujer. ¿Qué es el tenis en tu vida?
Mucho (piensa) El tenis me dio todo. Primero, el poder vivir de lo que uno ama. Conocer el mundo, hacerme de grandes amigos de todos los países (se va emocionando y los ojos se ponen vidriosos). El conocer a mi mujer gracias a Orsa. El tener un buen pasar, poder mantener a mi familia. Y ayudarme a formarme como persona. El tenis es muy lindo pero también es muy sacrificado. Tenés que ser muy responsable, tener mucha fuerza de voluntad, mucha dedicación, paciencia. Y eso te forma, como toda profesión. Pero al ser algo tan individualista, forma tu carácter. Es algo a lo que estoy eternamente agradecido y de lo que seré parte toda mi vida.
Tags: Tenis

