Los demonios de Federer

El coraje de Nadal, la mononucleosis, el frustrado cambio de estrategia, la insospechada falta de confianza…, razones de un caída alarmante, pero no definitiva del suizo.
Por Sebastián Torok
Federer pidió innumerables consejos médicos en febrero luego de enfermarse por tercera vez en pocas semanas. Tiempo después, le permitieron entrenarse porque su organismo ya estaba creando los anticuerpos. “Me siento un día bien y otro mal”, confesó, por entonces. Luego, ya de vuelta, reveló: “Perdí mucha masa muscular. Me estaba sintiendo muy bien hasta diciembre, hasta que me sentí mal y me costó volver a tomar el rumbo. No pude trabajar como hubiera querido, porque hay que ser muy cuidadoso con la mononucleosis”. Desde allí, poco a poco su mente también pudo haber comenzado a sentir el apremio de los compromisos.
Otra de las situaciones que decepcionaron al suizo, seguramente, fue la frustrada alteración de la estrategia en su juego sobre canchas lentas. El tenista, nacido el
“Esperaba un resultado mejor. Es una derrota dura, que duele, pero así es la vida y voy a intentarlo el año próximo. La temporada de polvo de ladrillo ya finalizó, esperaba que fuera mejor, pero ya está…”, expresó Federer, tras caer en París, todo un símbolo de su desilusión.
Aunque si de sinsabores deportivos se refiere, seguramente la última final de Wimbledon abrió una grieta profunda en el coraje del hombre originario de Basilea. Aquella batalla que se extendió durante 4 horas y 48 minutos –tiempo récord para una definición en el All-England–, conquistada por el zurdo de Manacor, despojó a Federer de su liderazgo en el césped y de ese aura de invencibilidad que ostentaba sobre esa superficie. “Es, por lejos, la derrota más dura. Fue un desastre. No hay comparación. No siento nada. Estoy decepcionado, roto, es todo…”, confesó Federer, que vive los enfrentamientos con Nadal como un verdadero clásico.
Es que si bien Roger cayó rendido ante varios tenistas, el español es su estigma; desde 2004, cuando se midieron por primera vez en Miami, chocaron 18 veces, con 12 éxitos para Nadal y 6 para el suizo. Por ello,, cada vez que Federer se impuso, no se preocupó por demostrar su desahogo y festejó con el puño apretado, lejos de ese perfil bajo que lo caracteriza.
Muchos comenzaron a aventurar que la caída en la alfombra verde ese sería el principio del fin en el reinado de Roger. Hasta los propios medios suizos, tan devotos de la campaña de Federer, bajaron la guardia. “Un drama y un nuevo rey”, publicó el diario Blick. Incluso, el periódico basilense Basler Zeitung se quebró: “Tras cuatro años de dominio total, Federer ya es tan sólo el segundo mejor jugador del mundo. Aunque los números no lo certifiquen, el relevo está cerca”.
Qué extraño debe sentirse el propio Roger, sabiendo que en sus rivales ya no provoca esa impresión de temor. Además, que ciertos ex tenistas que siempre lo han venerado, le quitaran el voto de confianza. Cuando alguien llega a la cima puede generar dos posiciones: adoración y envidia. Muchos, que quizás no se animaban a criticar al suizo durante su dominio absoluto, ahora sí lo hicieron, aprovechándose de la situación y llegando hasta la exageración.
El alemán Boris Becker, siempre dispuesto a opinar, fue contundente: “Para mí y para bastante gente, Nadal es el número uno desde hace bastante tiempo. Es el verdadero número uno y cuando llegue a la cima lo demostrará por mucho tiempo”.
El sueco Bjorn Borg, en tanto, fue más allá y hasta se animó a hablar de retiro: “No me sorprendería en absoluto si el año que viene Roger sale y dice «No voy a jugar más al tenis». La gente espera que él gane siempre y eso, es mental y físicamente extenuante. Tras perder en Wimbledon, ya no va a ser como antes, cuando solía ganar casi todos los partidos que jugaba. Ese tiempo ya pasó. Por eso digo que no me asombraría si pronto dice adiós”.
“Si Nadal alcanza el N° 1 es porque lo merece, pero miren todo lo que tuvo que hacer para lograrlo…”, se quejó Roger, en rueda de prensa, cuando se sintió desprestigiado.
Es tan real que el suizo atraviesa por una chatura deportiva, como las sospechas que indican que no se conformará con sus laureles ya conseguidos. Casi sin pensarlo y luego de tanta autoridad, Federer se encuentra ante su desafío más motivador: recuperarse y volver a demostrar que está por encima de Nadal, ese gladiador que jamás se agota y fue su escolta durante tanto tiempo. “Honestamente, las derrotas me motivan más que otra cosa. Intentaré volver y probar que todavía sigo siendo el número uno. Sólo quiero hacerlo muchas veces. Estoy entusiasmado con miras a los Juegos Olímpicos y al US Open; espero ganarlos para poder terminar muy bien. Y que quede claro: no estoy acabado”. Los demonios lo aguijonean, pero está claro que Federer, siendo uno de los atletas más importantes de la historia, no se dará por vencido tan fácilmente…
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