Gentileza Revista GRIP
Por Lucas Argüelles
Es el único exponente actual del tenis uruguayo, dueño de un juego vistoso que seguramente va a dar que hablar. A pesar de algunos altibajos y “pecados de juventud”, este campeón de Roland Garros tiene todo como para ser otro de los protagonistas sudamericanos del circuito.
No todos los días se tiene la posibilidad de ver a una pareja campeón de un Grand Slam de cerca. Sin embargo, como si fuese algo normal, lo podemos ver cuando nos acercamos a la cancha 1 del Vilas Club. Allí, Luis Horna y Pablo Cuevas, nuestro entrevistado, pelotean con la misma potencia con la que barrieron a sus rivales en Paris para quedarse con la copa de campeones.
Se va yendo la luz, y con Pablo nos sentamos en la terraza del lugar a tomar un café para que escucharlo acerca de su carrera, las expectativas depositadas sobre él y historia y presente dentro del tenis uruguayo.
¿En qué momento de tu carrera tenística te encontrás?
Arranqué el año jugando los torneos ATP, algo que cambió bastante mi calendario con respecto a años anteriores. El primer cuadro principal en el que entré fue el de Viña del Mar, en el que estuve a punto de ganar el torneo. Eso dolió, fue una espinita que quedó por un tiempo. Pero me sirvió para meterme entre los 100 primeros, que era el objetivo a corto plazo, y además me permitió jugar varios torneos más, incluso algunos Masters Series.
Fue un año de transición hacia el mejor nivel. La verdad, esperaba que me fuera un poco mejor, me tenía confianza. Pero no pude ganar lo que pretendía, y lograr el objetivo de estar debajo del puesto 60. Pero arranca todo el año de nuevo, y espero encontrarme dentro de los 100 primeros otra vez.
¿Cómo fue entrar al circuito grande con semejante carta de presentación como la que tuviste en Viña?
La verdad que fue inesperado, a pesar de que estaba entre los objetivos. Me había operado hacía un mes, casi no hice pretemporada. Arranqué jugando contra Coria, en uno de sus mejores partidos, y esperando las dobles faltas que nunca llegaban. Después le gané a Verdasco, a Chucho (Acasuso) – en mi mejor partido-, y después, con González, me faltó un puntito nada más. Tuve dos match point, en su casa, se cortó la luz del estadio…(risas) prefiero no acordarme mucho. Pero sí, arranqué bien.
Tenés un juego bastante armado, lindo, al nivel de los mejores se podría decir. ¿Qué te falta para meterte en ese lote?
(piensa) Estuve muy contento después de Viña, con confianza. Incluso me sentía el protagonista de los partidos, no gané de casualidad, estuve agresivo. Después de del torneo me quedé un poco. Quizás el cambio de entrenador, cuando empecé con (Daniel) Orsanic, en el medio tuvo que ver. Me desordené un poco, fui perdiendo esa confianza y no la pude recuperar, casi hasta hoy. (piensa otra vez) Quizás me presioné un poco de más, porque empecé bien en el primer torneo, y esperaba que me fuera mejor, más fácil. Pero no se dio así.
Creo que para volver a meterme ahí tengo que recuperar, sí, el ranking, pero sobre todo la confianza en mi juego. No sentí que me faltara nada tenístico, sino el creerme que podía ser parte de ese grupo.
¿Cómo es trabajar con Daniel Orsanic?
La verdad que hoy me siento muy cómodo, igual que cuando empecé con el. Tal vez al principio no lo conocía mucho y no tenía la confianza para decirle que a veces me sentía un poco presionado. Me llevó un tiempo, pero creo que hoy estamos trabajando muy bien. Me ayudó en muchas cosas, y sobre todo tácticamente. Están faltando un poco los resultados, pero todo viene bien.
¿Cuánto tiempo del año pasás en Uruguay?
Muy poco, para Navidad solamente. El año pasado, por la lesión, creo que fue mayor tiempo que estuve ahí; casi todo diciembre y algunos días de enero, junto con otra semana en febrero por la Davis. Estoy viviendo con mi hermano acá en Buenos Aires, y a veces vienen mis viejos. En realidad, ellos vienen más de lo que vamos nosotros para Uruguay. Pero estoy muy poco; algún fin de semana largo, cuando vuelvo de alguna gira.
¿Cómo es bien tu historia? Naciste en Argentina, pero te fuiste siendo chico para Uruguay…
Sí, nací en Concordia y viví hasta los nueve años ahí. Nos fuimos para Uruguay por mi mamá, que es uruguaya, y sus papás estaban mal. Entonces me instalé allá y comencé a jugar los torneos nacionales a los doce años. La doble nacionalidad ya la tenía de antes. Viví en Uruguay hasta los 16 años, hasta que me instalé en Buenos Aires, pero ya con varios torneos jugados y estando en el equipo de Copa Davis.
¿Cómo ves el presente del tenis uruguayo y su futuro?
La verdad que en cuanto al presente, si bien no estoy mucho, entiendo que no viene muy bien; no vienen saliendo muchos chicos de abajo. Hace poco hubo un cambio de presidente, que parece que tiene las cosas bastante claras, y quiere crear un centro de entrenamiento. Creo que eso va ayudar a que bastante. Estos últimos años la gente empezó a darle más importancia a la Copa Davis, a los torneos que se organizan. Eso me pone contento. Espero que empiecen a surgir más tenistas de allá.
¿Qué se siente ser un campeón de Roland Garros?
(le da un sorbo largo a su café, mientras piensa la respuesta) No sé, es raro. De chico pensaba en ser campeón de un Grand Slam y lo veía como algo imposible. Lo disfruté increíblemente, lo tengo muy presente. Quizás fue por la manera en que lo ganamos que todavía no caigo del todo. Si bien nos teníamos confianza, con Lucho (Horna) solo habíamos jugado una vez, y no éramos los candidatos. En primera ronda nos tocó Clement-Llodrá y Lucho me dijo ¨bueno, nos vamos rápido; es durísimo¨. Y yo le respondí, mezcla de confianza e ironía ¨difìcil le tocó a ellos” (risas) Fuimos avanzando en un cuadro durísimo, contra los hermanos Bryan en cuartos de final, una semifinal durísima; y en la final fue muy raro. Fue nuestro mejor partido, lo ganamos en apenas 56 minutos, aprovechando todas las chances y no dándole ninguna a ellos. La verdad, fue el partido en el que menos nervios sentí. Se sufrió más en los partidos anteriores y se notó en los festejos, que fueron mucho más eufóricos, sacando todo afuera. Fue algo muy lindo que no voy a olvidar nunca.
Pasó Roland Garros, volviste a los torneos. ¿Te miraban distinto los otros jugadores?
Puede ser, sobre todo los sudamericanos. Al principio nos gastaban bastante. “Ahí viene el doblista”, me decían (sonríe). Muchos nos felicitaron, algunos sorprendidos, otros no tanto. Pero no más que eso.
¿Te cruzaste con los Bryan después de Roland Garros?
Me los crucé en el US Open, pero no pasó nada. Tampoco había hablado con ellos antes de Roland Garros, así que…(NdeR: durante la semifinal del torneo, apenas a un par de puntos de la victoria en el tie break del segundo set, Cuevas saltó la red en el cambio de lado, lo cual molestó a los hermanos Bryan y no lo saludaron al final del partido)
Tuviste algunos problemas dentro de la cancha. Uno fue el que ocurrió con los Bryan. El otro, con Brian Dabul, en la clasificación de la Copa Telmex de este año ¿Te ocurre porque sos impulsivo, lo tomás como algo aislado, lo estás trabajando…?
Lo de la Telmex, como decís vos, fue una reacción impulsiva, sin querer. Ya he pedido disculpas, y aclaré que no fue mi intención agredir a nadie.
En cuanto a lo de los Bryan, es el día de hoy que no creo que haya sido una falta de respeto. De hecho, ellos terminaron aclarando y pidiendo disculpas por no saludarme. Lo hice instintivamente, para cambiar de lado y no molestarlos por donde estaban pasando, sin pensar que se lo iban a tomar mal.
¿Te afecta en el juego el ser tan impulsivo?
Sí, puede ser. El tema de la ansiedad y los nervios es otra de las cosas que tengo que trabajar. No solo por las cosas que puedo decir, sino por la forma en que tengo que jugar los puntos importantes. Este año no lo pude mejorar mucho, quizás, por no tener tantos partidos de competencias.
¿Cómo es tu relación con los tenistas argentinos?
La verdad es que me llevo bien con la gran mayoría. Hace mucho tiempo que estoy acá. Cuando viajamos soy parte del grupo de los argentinos, soy uno más. Hincho por Argentina, vamos a comer juntos. No me siento sapo de otro pozo ni mucho menos. Me tratan bárbaro. Como Lucho, me siento un legionario más.
Como si ganar Roland Garros fuera poco, además te va a permitir viajar al Masters De Shanghai. ¿Cómo te sentís por eso?
Seguramente va a ser distinto a lo de Paris. Yo, en chiste, digo que somos los favoritos. Porque de las parejas que van, les ganamos a las tres. (risas) Claro que no es así. No somos los favoritos; y creo que tenemos que ir pensando así. Con Lucho vamos a disfrutarlo, sobre todo yo. Igual, vamos a tratar de ganarlo (sonríe)